Fue un concierto “Mozart”. Y eso siempre se agradece. Y la formación, si no fue perfecta (sonidos ásperos, desequilibrio cuando aparecían, particularmente en la París metales y percusión, además de alguna nota destemplada), si a veces sonaba agresiva o brusca (la obertura del Don…), cumplió un muy buen trabajo en el movimiento de la Haffner (no se explica la brevedad del concierto: con pausa duró dos horas escasas) y en la música incidental de la primera parte, la escrita para Thamos, una confusa trama masónica que parece prefigurar algunos temas de la Flauta.
Si la obertura fue discreta, la “marcia” del genial Idomeneo muy corta, y en la París, además de lo apuntado, hubo que desconcentrarse porque el respetable parece que, en cualquier parte, ya no puede refrenar su impaciencia al escuchar un ‘allegro’ y aplaude (por suerte -o por…
Comentarios