Al abrirse los accesos a la sala el público se encuentra con en espectáculo ya empezado. Las nornas ya están esperándolo en el escenario, cómodamente apoltronadas en tres hogareños sillones. Al arrancar la orquesta las señoras distraen su mirada del tejido o la lectura para fijarla en la sala como si estuvieran viendo el noticiero de la televisión. La mayor observa el pasado con la tranquilidad de una abuela, y la del medio deja entrever alguna preocupación por como va el mundo. Es la mas joven, una tejedora cuarentona, la que advierte primero la ruptura de la cuerda, o mas bien el corto circuito de la TEVE a través de la cual nos estaban mirando.
Luego de anunciarnos que ellas no pueden ayudarnos mas con su sabiduría, las señoras se retiran presurosamente a través de una platea iluminada con luz mortecina. En una palabra: nos dejan…
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