De las tres únicas obras inequívocamente religiosas que escribió Beethoven, sólo la Missa Solemnis ha sobrevivido hasta hoy con cierta notoriedad (y eso, a pesar de que el más importante de todos los directores beethovenianos -Wilhelm Furtwängler- nunca pudo con ella); el oratorio Cristo en el Monte de los Olivos es prácticamente una rareza de la que apenas hay grabaciones; y de esta Misa en do puede decirse casi lo mismo: entre las más antiguas que recuerdo está la visión elocuente del gran Karl Richter (DG), y entre las modernas, las de Chailly (DECCA) y Gardiner (Archiv), tan distintas y tan sosas a la vez.
Resulta que en 1807 el príncipe Nikolaus II Esterházy ya no tenía a Joseph Haydn a mano para encargarle más misas (estaba el hombre merecidamente jubilado), así que recurrió a los servicios de Beethoven; y, según cuentan, resulta…
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