Cuentan las crónicas que el estreno mundial de Déserts en el Teatro de los Campos Elíseos de París el 2 de diciembre de 1954 fue un escándalo de padre y muy señor mío, comparable al de La Consagración de la Primavera en 1913. Sí, Edgar Varèse (París 1883-Nueva York 1965) fue un provocador nato desde siempre, por más que su singularidad proviene tanto de su obra como de su no adscripción ciega a ninguna ortodoxia contemporánea, seguramente por haber asimilado en igual medida las tendencias compositivas de la primera mitad del siglo XX de uno y otro lado del Atlántico. Varèse fue, en toda regla, un outsider.
En efecto, una cosa es aborrecer los cánones clásicos de la música –tonalidad, afinación, estructuras formales, etc.-, y otra muy diferente es hacer música difícil por el mero hecho de su complicación. Dicho de otro modo, se puede ser…
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