Algunos de los lectores que me han escrito en los últimos años me han reprochado el tener gustos demasiado mundanos o una pasión por el lucimiento de los intérpretes que deja de lado ‘ese más allá’ de la experiencia musical. Si partimos de la base de que no creo que exista ‘ese más allá’, no me siento particularmente aludido. Yo voy a los conciertos y a la ópera para pasar un rato de intensidad emocional que puede ir de la risa a las lágrimas. Por deformación profesional siempre hago un análisis, más o menos superficial de las cuestiones históricas y musicales de las piezas, pero eso viene dado por mi trabajo diario en la universidad.
Pero lo que busco, lo que de verdad aprecio, es un buen espectáculo. Y un buen espectáculo lo dan una orquesta técnicamente sólida y un director dispuesto a ofrecer un discurso rico y variado, haciendo que…
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