Las visitas de Claudio Abbado a Berlín suponen la certeza de algo extraordinario. El concierto del pasado día 27, intuyo los otros dos también, fue la constatación de que nos hallamos ante el director de referencia de una actualidad con frutos escasos, pero que con su sola presencia justifica otro momento histórico de plenitud en el devenir musical. Términos como perfección, coherencia, rigor intelectual y capacidad pática encuentran en lo escuchado en la Philharmonie su encuadre incontestable; no sólo por la intervención del individuo Abbado, sino porque en la extensión fenomenológica de la música en tanto conciencia constructiva supraindividual, todos los actantes: Berliner y Renée Fleming se fundieron para conformar la superación de lo ideado por los compositores.
Esta premisa laudatoria nos conduce en primer lugar a un breve apunte…
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