En mis años de estudiante en Viena compartí Mahler, y Berg y Webern con muchos amigos, pero a la Volksoper iba normalmente solo, porque no era cool entre los universitarios locales ir a ver las operetas que hacían lagrimear a los abuelos. Por supuesto que la “Volks” se ha modernizado y desde los setenta y junto a operetas también ofrece comedias musicales, junto a un repertorio operístico cantado en lengua alemana. Pero de aquellos años aún queda un Murciélago que sigue teniendo una autenticidad de barrio, irreproducible en cualquier otra ciudad.
Abundan deliciosas expresiones dialectales, entonadas con esa ironía vienesa única en países de habla alemana por ser a la vez ingenua y despiadadamente sardónica. Las alusiones al hungarismo fogoso de la condesa incógnita y a la neurótica melancolía del ruso 'Orlofsky', son aquí tomadas de pelo…
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