La popularidad y la ‘facilidad’ de la obra y del autor hacen olvidar a veces que se trata de una auténtica obra maestra, que como tal hay que tratar (las tres arias di sortita de los personajes masculinos están entre lo más difícil que el gran -sí, señores, gran- Gaetano escribió). El Liceu experimentó por primera vez varios repartos en distintos momentos, un poco a la manera de Viena, e hizo bien. La obra gusta y se defiende bien incluso con público que no la conoce mucho. Otra cosa es que haya sido -en los dos casos que escuché- algo equilibrado o, como oí decir, ‘mítico’. Y aquí entra el respetable.
Uno forma parte del púbico, aunque no esté en cada función o en cada título, y sabe en general a qué atenerse o qué esperar y qué no de los diversos públicos que conoce. Pero confieso que con el del Liceu paso en la misma función de la…
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