Un programa de contrastes y de extremos nos presentaba la RSO en su último concierto de la temporada. Pues ¿qué obra se puede anteponer a la más importante de la literatura musical, a la Novena? Una elección un tanto difícil. Yo personalmente me inclino por poner a esta última sinfonía de Beethoven sóla en programa, pues las dimensiones de la obra y la concentración que demanda tanto a músicos como oyentes lo justifican. Quizás también porque la Novena es una obra como una de esas montañas solitarias e imponentes que llenan todo un paisaje, o bien porque uno va al encuentro de ella como en espera de una última revelación, en espera de experimentar un 'fenómeno único'. Pero como ha venido a ser un tanto usual en la programación de los últimos años, se opta por presentar dos momentos opuestos, por un lado el canto a un estado ideal de la…
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