Aunque exitosa luego de su estreno, la ópera cayó presa de la censura comunista porque el tema llegó a disgustar al mismo Stalin. Shostacovich fue denunciado y el resultado fue la 5a sinfonía, la respuesta de un artista a críticas justificadas, como Shostacovich mismo las había descrito. Pero las críticas no eran justificadas y exponían la realidad de una Rusia que vivía en una fantasía creada por el aparato comunista.
Hoy la obra es presentada en todo su esplendor musical y una buena interpretación divertirá al espectador por la cantidad de sonidos onomatopéyicos que Shostacovich incorpora a la partitura, la mayoría de carácter sexual. Pero aparte de la superficie sonora, hay algo por dentro que nos lleva a sentirnos incómodos y a sentir atracción y repulsión dentro de una atmósfera de carácter represivo.
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