Muchas versiones de esta impresionante obra coral beethoveniana, originalísima y sorprendente en cada nueva escucha, pueden encontrarse en el mercado. Enormes, sin duda, son las de Klemperer, Horenstein, Toscanini o el primer Karajan. Sin embargo, dada su dificultad hasta ahora para ser encontrada y, por tanto, disfrutada, recomendamos hacer un hueco en las estanterías a ésta de Dimitri Mitropoulos, fabuloso y poco conocido director que firma una referencia de partitura tan rematadamente difícil.
El griego no tuvo una vida nada fácil, una vez establecido en Estados Unidos: director primero de la Sinfónica de Mineápolis, época de la que se conserva un buen puñado de registros, de precario sonido pero de incuestionable calidad artística —como una memorable Titán de Mahler—, pasó en los años 50 a ser titular de la Filarmónica de Nueva York,…
Comentarios