Cuando adquirimos una nueva versión de una obra clásica del repertorio en CD solemos procurarnos por principio la mayor calidad al mejor precio. Sin embargo, los criterios de calidad se circunscriben normalmente al intérprete que normalmente aparece retratado en la portada del mismo (este CD no es una excepción) o también a la casa editora cuyo sello y diseño suelen determinar la estética del producto (en este caso ese toque rojo tan habitual de los discos de EMI).
Rara vez reparamos, sin embargo, en que una grabación no es otra cosa que lo que un productor ayudado por un ingeniero de sonido ha registrado de la interpretación de un músico, en este caso del gran pianista austriaco nacionalizado americano Arthur Schnabel (1882-1951). Es más, lo que realmente contienen los numerosos bytes de este CD que comentamos es una reciente…
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