En un país donde uno se puede topar con gente cuyos nombres de pila son Mozart o Wagner no tenía que resultar demasiado extravagante conseguir que los ritmos y danzas locales encajaran en la escritura contrapuntística de Johann Sebastian Bach. Si a eso se añade la comodísima situación política para trabajar que se encontró Héitor Villa-Lobos a su vuelta de París en 1930 –el régimen brasileño le dispensó un trato más que mimoso-, el resultado, en sus manos, tenía que convertirse necesariamente en una de las más fascinantes, variadas y atractivas colecciones de música del siglo pasado.
Efectivamente, a todo el mundo le suenan las Bachianas Brasileiras de Villa-Lobos, aunque sólo sea por el título. Sin embargo, la realidad es que apenas se suele escuchar –ya sea en vivo o en disco- más allá de la celebérrima ‘nº 5’ para soprano y ocho…
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