De las reconocidas ciento cuatro sinfonías escritas por Franz Joseph Haydn antes de llegar a la madurez del género (como son las londinenses), el maestro de capilla de la casa Esterhazy en Viena, escribió algunas que pueden tildarse de obras maestras en su época. De ellas, una de las más conocidas es la Sinfonía nº 88 dedicada a su amigo, el concertino de la orquesta con la que contaba, Johann Tost. De inicio cortesano y elegante, muy pronto ingresa en un ‘Allegro’ monotemático y vivaz que junto al ‘Allegro’ final constituyen los momentos mas atractivos de la obra, en tanto que sus movimientos centrales, un ‘Largo’ y un ‘Menuetto’, aparecen como no muy inspirados realmente, salvo el solo de violonchelo que estuvo en las musicales manos de Gloria Pankaeva. El maestro Izcaray supo dar vitalidad y diseño inmaculado a una sinfonía que es…
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