Frente al piano, tiene una avasallante personalidad, un sonido espléndido, una digitación imbatible y una seguridad no frecuente para sus escasos veintidós años. Se trata de otro de los pianistas jóvenes que nuestro país ha producido. Me refiero a Marcelo Balat, alumno predilecto de una gran ejecutante y pedagoga, Pía Sebastiani, que supo transmitirle su pianismo, contando, claro está, con su inocultable talento. Su poderosa y vital interpretación de uno de los conciertos obligados en todo repertorio pianístico, disimula incluso algún arpegio o escala poco limpios que se justifican precisamente en su verborrágico toque. El maestro Izcaray, con una orquesta un poco más chica de lo habitual, fue un fino interlocutor de tanta expresividad desde los compases iniciales de la trompa hasta llegar a la bella melodía, motivo principal del…
Comentarios