Sin duda, el Concierto para violonchelo y orquesta del checo Antonin Dvorâk es la obra maestra del género. Lo comenzó en sus últimos tiempos de Estados Unidos y ya de regreso en su amada Praga, le introdujo modificaciones agregándole una referencia al bellísimo lied Lasst mich alleinin meinen Traümen gehn· (Dejadme solo en mi sueño) en recuerdo a su fallecida cuñada Josefina Cermakovâ de quien habia estado enamorado en su juventud.
La ambiciosa parte solista, tal vez una de las mejores partituras escritas para el noble sonido del violonchelo, confiere al Concierto una particular significación dentro de las nacionalistas composiciones del autor. Hay una larga introducción orquestal que anticipa el armado de la obra, basado en la alternancia de protagonismo entre el instrumento solista y la orquesta, lo cual evita que esta última apague la…
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