He leído por ahí, en alguna parte, que Sokolov sabe más de los pianos Stenway que los propios técnicos y que antes de sentarse a tocar uno de estos instrumentos lo despieza y lo vuelve a montar para conocer todos sus recovecos y secretos. No sé que crédito otorgarle a esta afirmación, tan extrema, pero lo que no albergo la más mínima duda es sobre la capacidad de Sokolov para obtener el mejor rendimiento posible de estos pianos, que en sus manos suenan como pocas veces he podido escuchar. Y no me estoy refiriendo a una sonoridad general de la obra, el uso de más o menos pedal, el equilibrio de intensidades entre las manos e incluso entre los dedos... No. Me refiero a que la primera nota grave del Impromptu Op.36 erizaba el vello de los brazos. Una simple nota, pero tan bien emitida que parecía contener toda la música del mundo. Lo mismo…
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