Lo bueno que tiene un festival como el de Lucerna es que en un día puedes atiborrarte literalmente a conciertos de primera categoría. En concreto, el pasado domingo asistí a los tres que se celebraron a las once de la mañana, a las cuatro y a las seis treinta de la tarde, tanto en la Konzertsaal del Centro de Cultura y Congresos como en la Iglesia de San Lucas. Sin duda, tres son muchos conciertos para un día, pero en una ciudad en la que no para de llover (y cuando digo llover me refiero a jarrear) no hay otra cosa mejor que hacer, créanme. Tras un primer vistazo al ajetreado programa de este día pensé que el concierto más interesante sería el último de Quasthoff, pero al final los tres fueron extraordinarios cada uno a su manera.
Para el primer concierto de la mañana dispuse de una asiento central en la primera fila del parqué, algo…
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