Con los últimos acordes del Quinteto de Brahms resonando en mi cabeza me encaminé al tercer y último concierto de ese lluvioso domingo en Lucerna. En esta ocasión, el espacio volvía a ser la Konzertsaal pero con un escenario prácticamente vacío si se compara con el concierto orquestal con Sarah Chang por la mañana. Sin duda, no debe ser fácil crear un ambiente camerístico y familiar propio de un recital de lieder en una sala tan grande, aunque Quasthoff tiene por costumbre hablar en sus conciertos y romper así la distancia que le separa del auditorio, a pesar de que este sea enorme.
Al salir al escenario y antes de iniciar el concierto, el barítono alemán comentó haciendo un chiste un cambio de orden en los lieder de la segunda parte, que terminaría con los alegres Des Knaben Wunderhorn en vez de con los tristes Kindertotenlieder. En la…
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