Cuando conté a mis amigos que iba a asistir a una interpretación no escenificada de Tristan und Isolde, todos hicieron la misma broma: ¿cómo te vas a dar cuenta de que no hay escena? Es bien cierto que Tristan escenificado tiene algo de espectáculo estático, pero incluso así estaba preocupado por si podría sobrevivir a cinco horas en una sala de conciertos sin unos trajes y unos accesorios que me distrajesen.
No tenía que haberme preocupado. Aunque algo se perdió en la versión de concierto, y aunque no habría recomendado la velada a alguien que no hubiese visto la ópera antes, la calidad de la interpretación fue tal que no pude aburrirme o acabar confundido. (La excepción fue, quizás, el dúo de amor del Acto 2, pero eso es sencillamente culpa de Wagner; no creo que pudiese aguantar semejante cosa en cualquier versión escénica)
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