No hablé con ella en el sentido de saber si se pone nerviosa o no antes de cada concierto, no importa el lugar, la sala o el piano que le toque en suerte. Pero lo cierto es que deja la sensación que, al revés de lo que pasa con muchos grandes nombres de la música actual, Martha Argerich, tal vez la mejor pianista que ha dado nuestro país, no siente el displacer, la situación temida, atemorizante que significa una exposición pública de su arte. Es ciertamente tímida, esconde su personalidad tras un manto de sencillez y cierta incomodidad en relacion a la gente desconocida que la rodea. Pero se sienta en el taburete del piano y Martha Argerich se convierte en una personalidad avasallante, en una llamarada refulgente, en una artista absolutamente segura de lo que hace y de lo bien que lo hace. Además, sin proponérselo, transmite tal…
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