El segundo de los conciertos de la Orquesta Nacional Rusa se erigió probablemente en la cita más esperada de la presente edición de la Quincena Musical junto con la Sinfonía 'de los mil' de Mahler que se pudo disfrutar tres días antes. ¿La razón? Un programa popular a más no poder (Concierto para violín de Beethoven y La Bella durmiente de Chaicovsqui) y la presencia sobre las tablas del prestigioso, y joven, y también ruso violinista Maxim Vengerov, quien llegó acompañado de la habitual vorágine informativa que suele acompañarlo allá donde va. Se podría pensar que en la pequeña batalla campal por conseguir entradas que se formó (pues el concierto quedaba fuera de abono y muchos de los abonados no lo supieron hasta que ya era demasiado tarde) no tuvo una gran influencia la presencia de la Nacional Rusa, considerando además que en su…
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