Tal vez en otros países la palabra aficionado no pueda asumir la significación que por aquí tiene; pero el que desee conocer numerosos y acabados ejemplares de esa casta, puede venir a España y, ya dentro de ella, dirigirse al paraíso del Real –delicioso Paraíso para los aficionados y espléndida Arca de Noé para el zoólogo de la música. El coeficiente de miopía o el de su sordera viene dado por el número de patadas con que, aún hoy, reciben a Debussy, Ravel o Béla Bartók.
Este párrafo, tomado de Patología del aficionado, un famoso artículo de 1924 del joven Jesús Bal y Gay, podría perfectamente proceder de un comentario del anciano Bal y Gay, que no había perdido ni un ápice de su capacidad de disección de la realidad, ni mucho menos de su inconformismo hacia los convencionalismos. Su exquisito teatro humano y la delicadeza omnipresente…
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