El Liceu cumplió su palabra de dedicar la nueva temporada a la artista fallecida hace unos meses y de hacerle un homenaje, que ya preparaba en vida de la cantante. Si se trató de un justo homenaje o de un homenaje justo, como muchos, entre crítica y pública, dijeron, habrá que pensar que la soprano pensaba en algo por el estilo. Claro que en su presencia, pero la gran Victoria consiguió estar presente de alguna forma nada misteriosa. Y no sólo por la magnífica exposición de vestidos, objetos y recuerdos personales (varios premios, entre los que destacaba el Disco de Oro de Emi -que bien podría ponerse a reeditar todo lo descatalogado y mirar si no se le ha quedado nada en sus archivos- por la superventa que significó su grabación antológica de La bohème con Beecham y Björling) que dieron un toque de color a la ‘austeridad’ del homenaje.
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