La pobre Gioconda, tan despreciada por todos, parece que está volviendo con fuerza. Un melodramón de Hugo puesto en versos, a veces estrafalarios, por un Boito con seudónimo representa por momentos una apuesta por el grand guignol y en otros momentos parece el manifiesto en música de la scapigliatura romántica italiana. Con el perdón de los que dan vuelta los ojos y arrugan la nariz ante tamaña enormidad (acompañada por la música de Ponchielli, no siempre de primerísimo nivel y para más inri con esa famosa ‘danza de las horas’ que todos recuerdan en versión hipopótamo hembra en tutú rosa gracias a Fantasía de Disney), la obra funciona en el teatro (y quizá también en el disco).
El público era numeroso, atento, había pocas defecciones en las pausas (dos) y nadie pareció cansarse mucho durante las casi cuatro horas que duró todo.…
Comentarios