‘Amar’, ‘temer’, ‘partir’. Yo quisiera encontrar -imposible cronológicamente- al animal (hombre o mujer, es lo mismo) que nos ponía esos tres verbos como paradigmas de la conjugación regular castellana (por lo que sé, los dos primeros venían ya del latín, y ahí lo entiendo algo más). Porque enseñaban sin duda a ‘temer’, pero no preparaban para ‘partir’ (aunque obligaran después) y mucho menos a ‘amar’.
La Gioconda va, entre otras cosas, de eso, y ríase el que se ría, todavía tenemos esas asignaturas pendientes (la de ‘temer’ ha rato que la hemos aprendido; tanto, que algunos hasta la hemos olvidado y tiene que ser este nuevo siglo el que nos vuelva a ‘enseñar’). El único amor ‘bueno’y ‘posible’ es el menos interesante musicalmente, y entre los personajes femeninos, ‘Laura’, la más ‘normal’, es también la menos interesante. El amor…
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