Hace más o menos un año reseñaba yo un concierto de los mismos intérpretes en el que había también dos sinfonías rusas en si menor (parece que es una tonalidad que les gustaba, y no sólo a los románticos). En este caso, se trataba de la inauguración de la manifestación que cada año se dedica a un país europeo distinto. Y con dos conciertos sucesivos: el primero de música sinfónica (y prácticamente del final del romanticismo), el segundo de lírica.
Uno tiende a repetirse con esta orquesta y este director luego de años de verlos, sea en ópera o en páginas sinfónicas (nunca los he visto en ballet y lo siento de veras). Diré, por ejemplo, que, al iniciar el 'fácil' Capricho de Rimski -por supuesto, el maestro obvió la batuta y plasmó todo con sus prodigiosas manos- la intensidad y el volumen fueron tales que, tal vez casualmente -pero creo…
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