Manfred Honeck, austríaco de formación vienesa hasta la médula, parece ser uno de esos directores que no muestran un excesivo entusiasmo por la música de Rachmaninov, autor que -aunque goza del favor insoslayable del público- todavía sigue encontrando un gran número de antagonistas entre el colectivo de los músicos. Es de suponer que el progresivo alejamiento en el tiempo arrojará una perspectiva más neutra sobre unas músicas que, su posible extemporaneidad aparte, poseen desde luego una serie de cualidades innegables: asequibilidad, espectacularidad y sensibilidad (a veces rayana en la sensiblería, cierto es).
El Concierto nº 2 para piano y orquesta presenta para su intérprete una serie de handicaps a tener en cuenta: en primer lugar, su enorme popularidad practicamente desde su estreno y en especial desde la inclusión de su segundo…
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