Esta nueva versión de la puesta original de Drottningholm, en su festival de 2000, con los mismos responsables escénico y musical, fue una auténtica joya, muy superior en los resultados a la Alcina del día anterior. Los principios de Audi, los de los decorados y vestuarios no cambiaron fundamentalmente. Incluso la famosa silla resultó un elemento fulminante en la última gran disputa entre los dos enemigos mortales que son el motor de la acción, el sultán turco Bajazet, prisionero del jefe tártaro Tamerlán, al que desprecia por falto de cultura y estirpe. Como se ve, siempre alguien es bárbaro con respecto a otros 'superiores'. Sobre todo, cuando los motivos de disputa son muy parecidos, si no iguales.
La orquesta de Rousset , con las mismas características, encontró en este drama sombrío y áspero, de traiciones reales o imaginarias, de…
Comentarios