Antes que nada, el W. está puesto adrede, y por supuesto sólo en parte se refiere al gran autor. Me disculpo, pero pensando en Leopoldo II (y en su hermano y anterior emperador, José II) para cuya coronación fue escrita esta última ópera en tiempo record en el último año de vida de Mozart, no pude evitar la comparación -poco grata-con quien hoy lleva el imperio del mundo sin clemencia y con menos inteligencia aún.
Si la civilización occidental con la que nos llenamos la boca, si los ideales de las Luces y de la música de Mozart han venido a parar a ‘esto’, pues no sé yo si son siempre los mismos. Alguien me la ha cambiado. Recuerdo una anécdota del monarca, para más ‘ilustración’: cuando los florentinos quisieron alzarle una estatua -ecuestre por supuesto- por haber abolido la tortura (¿les suena algo parecido?), Leopoldo se negó y usó el…
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