Concierto con los fastos del barroco y conexos, con base instrumental en un Telemann curiosamente ‘troceado’ (por lo de ‘música de mesa’) entre los fragmentos vocales, aunque también con un Corelli interpretado de un tirón como primer número de la segunda parte. La orquesta es joven, suena bien y toca con entusiasmo y sigue con interés lo que hacen los cantantes. La dirección de Goodwin no es como para provocar aclamaciones. Acompaña bien, sigue el tiempo, y logra que todo suene ‘bien’ pero prácticamente igual, y, espíritu de época más o menos común aparte, no me parece que los autores enumerados pertenezcan a la misma familia. Supongo que el adjetivo es ‘académico’, aunque más de una vez me encontré aburrido (totalmente en el acompañamiento -nada menos- que de la gran aria de Ariodante, ‘Scherza infida’, más débil y de más escaso…
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