El año pasado reseñé una Séptima de Beethoven mediocremente ejecutada por Haitink al frente de la Orquesta Estatal de Dresde. Con este concierto ocurrió todo lo contrario. La Sinfónica de Londres ha conseguido mejorar continuamente su excelencia, hasta alcanzar un nivel capaz de colocarla a la par de las más grandes. En los últimos años, incisividad de ataque y brillantez de sonido han ido en aumento, como también la expresividad de rubato. Y Haitink logró cimas beethovenianas sin perder esa característica tan suya de evitar exageraciones efectistas.
Notable en este sentido fue el comienzo del Triple concierto, terso, distendido en su frases de chelos y contrabajos y espontáneo en su progreso al primer crescendo. Fue un crescendo resuelto con una incisividad contenida, sin agitaciones, gracias a lo cual la progresiva entrada de cada…
Comentarios