En la actualidad, Bernard Haitink (Amsterdam, 1929) es, probablemente, el mejor director bruckneriano vivo -Christian Thielemann apunta más que buenas maneras, pero aún es joven y le queda un cierto camino por andar-. Su destino al lado de las Sinfonías de Bruckner estaba decidido en cuanto asumió la dirección de la Orquesta del Concertgebouw en 1959, porque la tradición de Mengelberg -y sobre todo de Van Beinum- así se lo impuso, y porque sus primeros años de titularidad compartida con Eugen Jochum fueron sin duda de gran aprovechamiento en la materia.
Pero uno nunca se hace bruckneriano sólo por obligación -ahí está el caso de Chailly, sucesor de Haitink en Amsterdam, que lo ha sido a regañadientes-, sino que hace falta también convicción. Y Haitink es un bruckneriano serio y convencido, de los que no se andan por las ramas y van al…
Comentarios