No sé si once representaciones, con dos elencos, es un poco mucho para el adiós de Rossini a Italia. Que la partitura es valiosa, seguro. Que, como en ocasión de su exhumación milanesa en 1962 (y con toda la antifilología que se quiera deslumbró, tal vez precisamente por eso: en ese entonces no había ni hubieran sido muy apreciados -no lo son a veces del todo hoy- los tenores y bajos ‘rossinianos’ de ópera seria), dijera Massimo Mila, “la regina mostra le rughe”, no es del todo cierto, pero sí que se trata de una ópera ‘muy’ seria y que algunos cortes (sin llegar a los de aquella época) no le harían daño y le ayudarían a ganar un lugar seguro en el repertorio, sí.
Por ahora, me parece una ópera más bien de festival. O, mejor, de cuatro o cinco funciones en versión de concierto. Al menos, si nos atenemos a esta puesta ya destrozada en…
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