No tiene generalmente mucha suerte el Teatro Real cuando programa al de Roncole, en cuyas propuestas musicales siempre hay alguna que otra irregularidad. Sin embargo esta vez se ha llegado a pleno, con un equipo de cantantes y una dirección musical que ha defendido con excelente nivel la partitura estrenada en 1849, y no programada en Madrid desde hace casi un siglo.
Protagonista absoluta por adecuación estilística, homogeneidad en todos los registros, fraseo de manual y solidísima técnica, la soprano italiana Fiorenza Cedolins, a la que a todas estas características vocales hay que sumar su belleza y desenvoltura escénica. Supo dar en todo momento lo que el personaje requería, y llenó a la desdichada heroína de delicados acentos y expresivas sfumature.
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