Buenos Aires y el interior del país en el siglo XVII. Momento de organización y lucha, de sacrificio y esfuerzo para poder dominar un territorio difícil. La ciudad porteña -así se la llama por estos lares a la capital argentina- comenzaba a crecer lentamente; cuatrocientas casas de barro y techos de cañas, un pequeño fuerte, la catedral, el colegio jesuita, los conventos de los dominicos, recoletos y mercedarios, y un hospital. Unos mil habitantes -hacia 1620, año en el que Claudio Monteverdi deslumbraba desde San Marcos, en Venecia- completaban el panorama; nada más.
En un ámbito así, la música se constituía en un pasatiempo favorito. En general, no podemos hablar de la existencia de músicos de alto rango pero sí de aficionados voluntariosos y, en más de un caso, competentes. Las misiones estaban cumpliendo con su obra y en Buenos Aires…
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