El drama litúrgico ha ilustrado y dado vida a la historia sagrada desde, al menos, el año 970, en que aparece por primera vez mencionado en un ceremonial de la orden benedictina. Son muchas y variadas las manifestaciones dramáticas que desde entonces han tenido lugar en las iglesias, especialmente en torno a los ciclos de Corpus Christi, Pascua y Navidad. Justamente al ciclo navideño correspondían, entre otras, los villancicos, el canto de la Sibila y la fiesta del “obispillo”. Las dos primeras han sobrevivido en los recintos eclesiásticos hasta nuestros días, no así la fiesta del “obispillo” suprimida tras el concilio de Trento.
El “obispillo” se celebraba el 28 de diciembre y consistía en la elección simulada de un escolán como obispo, quien celebraba un oficio divino junto con sus compañeros durante el cual pronunciaba un sermón.…
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