Ya sé que es una forma bastante estúpida de perder el tiempo, pero me ocurre a veces que, cuando escucho música de los años veinte y treinta del siglo pasado, me pregunto cómo hubiera sido la evolución musical de la segunda mitad del siglo XX si no hubiera existido el tremendo desastre de los fascismos y la 2ª guerra mundial. Me suena tan interesante la música, tan 'decorosa' en el sentido estricto del término, o sea, adecuada a sus objetivos, que me lamento por todos esos años perdidos, por todos esos compositores malgastados, por todo lo que pudo ser y no fue. Y es una actitud egoísta, porque el gran drama de los años treinta y cuarenta no fue el musical, sino el humano y eso es lo único por lo que debería lamentarme.
Pero el caso es que escuchando La princesa y el guisante me volvió a ocurrir. No conocía la obra pero -como me pasó con…
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