Cuando nos enteramos ya estaba sepultada, bien a salvo de esos operómanos tan aficionados a ver los féretros de sus divas desfilando frente al teatro. Bien a salvo de esas colegas sobrevivientes que aprovechan estas ocasiones para exhibirse cantando frente al catafalco como si estuvieran oficiando un responso. De la que salvó el pobre Bertil que tantas veces había dicho que se había casado con Birgit a pesar de ser cantante de ópera. En su autobiografía ganadora de un premio de humor literario, la esposa nos comunica su sospecha que lo que finalmente decidió a Bertil fue su omelette de hongos y almejas.
"¡Bien de suecos!” han comentado algunos, aludiendo al pundonoroso ethos de sepelios del mundo rural protestante donde nació y murió Birgit Nilsson. “¡Bien de sueca!” comentaban también algunas señoras del Colón de Buenos Aires frente al…
Comentarios