¡Menudo programita! Dos sinfonías dedicadas a honrar a Lenin y la revolución bolchevique dan como para que los detractores de Shostacovich se pongan las botas acusándole de colaboracionista con el régimen soviético, muy lejos del artista símbolo de la resistencia que otros tantos quieren ver en él. La verdad es que hay opiniones para todos los gustos, sobre todo en lo tocante a la Sinfonía nº 12, porque es más fácil poner a todo el mundo de acuerdo en que la Segunda podría ser el ejercicio de un Shostacovich que, cuando el legendario Nikolai Malko estrenó la obra en 1927, podía aunar determinados modernismos -apoyado por el éxito de su Primera sinfonía- con una cierta ingenuidad respecto de los acontecimientos políticos (aunque en privado echara pestes del texto de Alexander Bezimenski).
Lev Lebedinsky, amigo de Shostacovich durante…
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