La octava ópera de Zemlinsky tuvo que pasar lo suyo para llegar a concretarse y presentarse. El autor no lo vio; ni siquiera la primera versión en concierto de 1992, cuando llevaba cincuenta años muerto. Se estrena ahora en Bélgica, donde en estos años otras casas del país han gastado dinero a manos llenas en creaciones mundiales (algunas por encargo) que no tienen ni la cuarta parte del valor musical de esta obra.
Es cierto que también Zemlinsky recurría a textos prestigiosos, pero no para disimular la pobreza de ideas musicales o para complacer a libretistas-escenógrafos-directores de escena. Para empezar, él mismo escribió el libreto, una adaptación de la quizás hoy algo envejecida pieza teatral de Gide (no por las ideas, y habría que discutir si un maestro del lenguaje se encontraba más o menos cómodo como dramaturgo). En todo caso,…
Comentarios