En el primer movimiento de la Séptima de Shostacovich, la sección pastoral que precede al llamado “tema de la invasión” fue expuesta con onírica reserva y el pianísimo de percusión que preludia el llamado “tema de la invasión” apareció con similar recato. “Otra vez una orquesta occidental más preocupada por la belleza de sonido que por el carácter de la obra” me apresuré a pensar, equivocadamente. Con similar redondez de sonido, las primeras repeticiones del tema transmitieron esa engañosa festividad que caracteriza las fanfarrias de ejércitos invasores que quieren presentarse como tropa de liberación. Realmente un allegretto, sin un atisbo de premonición de lo que vendría. Cómo la marcha progresó a través de la banalidad al terror a través de cada repetición fue un verdadero milagro sonoro. En lugar de apurarse, Jansons combinó…
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