Si hace algún tiempo me hubiesen preguntado por una obra cuyas especiales circunstancias de composición la hubieran convertido en una reflexión musical sobre la guerra y la capacidad del ser humano para cometer atrocidades, mi respuesta habría sido, sin duda, el Cuarteto para el fin de los tiempos de O. Messiaen. Hoy, tras escuchar la interpretación de la Séptima sinfonía de Shostakovich que la Orquesta del Concertgebouw realizó en Chicago, continuación de la gira que les llevó a las Islas Canarias la semana anterior, mi elección se habría decantado por esta obra del compositor ruso. Escrita tan solo un año después del Cuarteto de Messiaen y bajo la misma presión, en este caso con los nazis sitiando la ciudad de San Petersburgo, entonces Leningrado, Shostakovich dedicó la Sinfonía a su ciudad, su lucha contra el fascismo y su victoria…
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