La cita anual con Alberto Zedda (que esperemos se mantenga cuando parta el actual director general) es esperada por el público, pero también por los músicos de la orquesta. El jovial y juvenil (sí, porque en esto no se trata de canas) maestro les comunica toda su pasión por la música del pesarés, su sabiduría nada pedante, y lleva siempre férreamente las riendas del espectáculo. Incluso cuando una escena es algo larga, como ocurre al principio del segundo acto,sabe encontrarle el punto justo.
Ory es difícil, leve, la primera ópera puramente francesa (aunque su autor haya saqueado su propio Viaggio a Reims pensando que probablemente no se representaría más: era creativo pero sabía aprovechar esas genialidades que aparentemente se le ocurrían -sin terrible esfuerzo- para contextos y voces distintos cuando no antagónicos. Y el milagro es que…
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