Discos

El tercero en discordia

Raúl González Arévalo

jueves, 2 de marzo de 2006
Gioacchino Rossini: Bianca e Falliero (1819). Libreto de Felice Romani. María Bayo (Bianca), Daniela Barcellona (Falliero), Francesco Meli (Contareno), Carlo Lepore (Capellio), Dario Benini (Priuli), Ornella Bonomelli (Costanza), Jiri Prudic (Loredano), Karen Pajer (oficial/ujier), Stefan Cifolelli (canciller). Coro de Cámara de Praga. Orquesta Sinfónica de Galicia. Renato Palumbo, director. Producción de Dynamic S.r.l. Michael Seberich, ingeniero de sonido. Grabado en directo en el Teatro Rossini de Pesaro (Italia) en agosto de 2005. 3 discos compactos DDD de 180 minutos de duración. Dynamic CDS 501/1-3. Distribuidor en España: Diverdi

No puede decirse que Bianca e Falliero se haya instalado en el repertorio. De una parte está su consideración ‘menor’ en el catálogo por los autopréstamos del compositor, el más evidente y conocido el rondó final de la protagonista, sacado directamente del rondó final de La donna del lago. Por otra parte, la dificultad -presente en todas las obras serias del ‘Cisne de Pesaro’- de cada una de las partes solistas: los personajes principales requieren cantantes con un gran dominio de la coloratura, di grazia o di forza, y una expresividad particular, el estilo rossiniano naturalmente. Por último, se une una popularidad menor que la de otros títulos que sí se han instalado en las temporadas incluso de los teatros más pequeños (Pisa, por poner un ejemplo, representaba nada menos que Semiramide el año pasado).

Antes del estreno el verano pasado, Pesaro y el mundillo operístico eran un hervidero de rumores -generalmente catastróficos- respecto a la producción recogida por el sello italiano Dynamic. Después, algunos respiraron aliviados, otros se declararon decepcionados, pero de todos modos quedó claro que no fue uno de los grandes éxitos del festival, a decir de la crítica nacional e internacional. En cualquier caso, habiendo ya dos registros de tan singular título en el mercado, me parece más que oportuno comentar qué viene a añadir esta nueva grabación a las dos precedentes, ciertamente excelentes: el testimonio en directo de la primera representación en tiempos modernos en el propio Festival Rossini de Pesaro en 1986 con un cuarteto ya mítico (Fonit Cetra), y la más reciente grabación en estudio (Opera Rara).

El papel de ‘Falliero’ fue concebido para Carolina Basi, en la línea de otros grandes protagonistas in travesti (‘Tancredi’, ‘Malcolm’, ‘Arsace’) que requieren la presencia de una contralto de agilidad. Es una vocalidad que ha sido recreada por Marilyn Horne desde la década de 1960 con excelentes resultados. La americana hacía gala de la capacidad para la coloratura y presentaba un retrato esencialmente guerrero que se expresaba de modo altisonante y solemne. Jennifer Larmore, mezzosoprano más clara, puso de relieve el aspecto más lírico del personaje -que cantó a tono en toda su extensión- sin renunciar a los alardes virtuosísticos, con una interpretación más medida y menos grandilocuente.

En nuestros días Daniela Barcellona ha sido aclamada como intérprete ideal para tales papeles. Personalmente tendría alguna reserva ante una afirmación tan general, a pesar de haber apreciado directamente los excelentes resultados en personajes concretos, como 'Tancredi'. Pero considero que este ‘Falliero’ no confirmará ciertamente la fama a la que hacía referencia, fundamentalmente porque no parece haber recogido el mejor momento de la italiana: la voz, otrora aterciopelada, presenta síntomas indudables de desgaste, con un deterioro más evidente en los extremos; la coloratura sigue siendo fluida, pero también a costa de cierto ahogo, más evidente en la segunda aria, la complicadísima ‘Tu non sai’, que en la primera ‘Se per l’Adria’ -estaba inevitablemente más fresca al inicio de la función-. Por el contrario, la escena de la prisión resulta más conseguida, el aspecto elegíaco siempre ha sido uno de sus puntos fuertes. En definitiva, prueba superada, pero a costa de innegables sufrimientos.

Las cosas no mejoran con María Bayo. La soprano española, que ha ofrecido excelentes pruebas en otro repertorio, fundamentalmente en el clasicismo (Mozart), siempre ha sido discutida en Rossini, y en este caso no lo es menos. La intérprete siempre es musical, por lo que la dificultad fundamental, a mi entender, es que no posee la voz ideal para el papel: los medios más plenos de una Ricciarelli ofrecían grandes resultados, como de otra manera la frescura y la agilidad de Cullagh, en gran forma. La Bayo está más cercana a una soubrette -ligera corta de agudos- que a una lírica, por lo que no anda sobrada de extensión y le falta cuerpo en más de una ocasión, aunque las notas, estar, estén todas. Lo mismo ocurre con la agilidad: el rondó final queda lejos de ser fosforescente, por poner un solo ejemplo. No obstante, los dúos con ‘Falliero’ funcionan mejor que los momentos solistas, donde ambas intérpretes regalan bellos momentos en las partes más reposadas.

Francesco Meli (‘Contareno’) ha sido definido la gran esperanza italiana entre los tenores. La voz sin duda promete, aunque debe trabajar para homogeneizarla, pues pierde color en el agudo, llegando a sonar blanquecino. Con todo, en un papel tan comprometido, de características baritonales -en las que nadie puede competir con el testimonio insolente de un Merritt en el ápice de sus posibilidades (el ágil Barry Banks apunta más sobre la acertada caracterización)- hay que reconocer que se las compone notablemente, sobre todo teniendo en cuenta que 'Pensa che ormai resistere' es una de las arias más difíciles desde el punto de vista técnico y expresivo de todo el repertorio tenoril rossiniano.

Por último ‘Capellio’, que no es uno de los grandes papeles rossinianos para bajo. Está excelentemente servido por Carlo Lepore, que supone el apoyo justo en los dúos con ‘Contareno’, así como en el magnífico cuarteto del segundo acto 'Cielo, il mio labbro ispira'.

El Coro de Cámara de Praga tiene una larga presencia en Italia, pero este registro no explicará porqué, pues la prestación sólo la puedo calificar de discreta, con voces poco empastadas. Mucho mejor la prueba de la Orquesta Sinfónica de Galicia, que afirma su presencia en el Festival gracias a un sonido pleno y la calidad de algunos de sus solistas, que aprovechan los momentos destinados por Rossini para su lucimiento individual, como en la sinfonía de apertura. Al frente de todos, la batuta de Renato Palumbo: ya he tenido la oportunidad de comentar que ha alcanzado mejores resultados con Verdi y el verismo que en Rossini, y ésta no es la excepción que confirma la regla. Eficaz sin genialidades, insiste en los aspectos dramáticos, descuidando más los momentos dulces.

La presentación respeta la línea de la casa: notas no especialmente desarrolladas en italiano, inglés, francés y alemán, como el resumen de la acción. La toma de sonido, digital, presenta algunas limitaciones, fundamentalmente en el sentido de que suena un poco distante como norma general, lo que contribuye también a empañar ligeramente la transparencia deseable.

En definitiva, otra oportunidad para conocer esta bella ópera rossiniana, pero sin tirar cohetes.

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