Quienes acudimos al último recital del pianista Alfred Brendel en Chicago salimos del concierto con la sensación de haber presenciado algo grande. No sólo por haber comprobado en vivo la excelente forma física del artista, quien a sus 75 años interpretó durante dos horas todo el repertorio de memoria, sino también por haber podido disfrutar de una atmósfera meditativa, reflexiva, de sonoridad íntima y sugerente, en la que el pianista parece también disfrutar recreándose. El programa invitaba a ello: enmarcadas por sendas Sonatas de Haydn pudimos escuchar la etérea Sonata D. 894 de Schubert y dos piezas de Mozart, la Fantasía K. 475, compuesta bajo la influencia del Sturm und Drang, y el melancólico Rondo K. 511.
El tema del ‘Andante con espressione’, primero de los dos movimientos de la Sonata Hob. XVI:42 de Haydn, sonó desnudo en exceso…
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