Antonín Dvorák no fue uno de los compositores más grabados por Herbert von Karajan durante sus treinta y cuatro años de reinado en la Filarmónica de Berlín. Salvo cuatro versiones distintas de la Sinfonía desde el Nuevo Mundo (una de las típicas obsesiones del maestro), Karajan y sus berlineses dejaron tan sólo un registro de la Octava sinfonía (en 1985 repetiría esas dos sinfonías con la Filarmónica de Viena), del Scherzo capriccioso, de la Serenata para cuerdas, y el célebre disco con Rostropovich del Concierto para violonchelo. En cuanto a las dieciséis Danzas eslavas, únicamente grabaron tres de ellas en 1959 y una más en 1977.
Por lo tanto, cuando en febrero de 1988 EMI decidió registrar las dos series completas de estas Danzas con la Filarmónica de Berlín y Lorin Maazel, todas las condiciones eran favorables: con independencia de…
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