A veces me asombra la ligereza de algunos juicios, aun viniendo de personas con interesante fomación musical, cuando no de antiguos y conocidos melómanos del medio. El más llamativo de los escuchados en relación a este concierto fue "bah...son obritas sencillas" confundiendo tal vez sencillez con masivo conocimiento.
Sin embargo el maestro Izcaray se encargó de demostrar que el repertorio ofrecido no ofrecía ninguna sencillez. Con esa gran Sinfonía, la nº 40, Mozart -el músico del cual se conmemoran doscientos cincuenta años de su nacimiento- llega a la cumbre de su producción sinfónica, integrada además por su predecesora y su última, o sea las números treinta y nueve y cuarenta y uno. En ésta se encuentra con claridad la dualidad de una bella temática con la concreción de una pieza magistral.
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