Teresa Berganza volvió a pisar las tablas del Auditorio Nacional. Ya era esperada una aparición suya por Madrid, ciudad donde tanto se la quiere, ya que la artista espacia ahora más sus actuaciones. Inmersa en el magisterio del canto la académica ha entrado en una nueva etapa donde destaca la sabiduría y la experiencia. Cierto que la voz ha perdido en registro y en volumen pero ha ganado en resortes que le permiten frasear apoyada en pianos finísimos, etéreas medias voces, palpitantes quejidos y otras muchísimas sutilidades que la Berganza ya conocía pero ahora explota a su gusto. La primera parte del recital, una vez escuchada la totalidad, sirvió como calentamiento. Una selección de obras del barroco muy bien escogidas permitieron a la artista entrar en situación y templar su voz, lo cual no impidió que escucháramos bellos momentos…
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