En el recientemente inaugurado Teatro Nacional, que sustituye a uno anterior, sofocante y luego pasado a un cine muy cómodo y céntrico, La Monnaie repuso -prácticamente estrenó para el público local- el ‘otro’ Barbero, el primero, el que, por esas cosas de la historia, fue en parte causa del fracaso del de Rossini en su estreno para luego ser relegado al desván por la efervescencia de la partitura del pesarés.
La obra es una joya, y aunque no se sepa bien quién escribió el libreto, la semejanza con el de Sterbini es notable. La inspiración de Paisiello es elevadísima, su concepción teatral, claramente dieciochesca, y el lugar del estreno y el cargo que desempeñaba en la corte de Catalina la Grande, hacen que la obra de Beaumarchais quede limitada a la intriga amorosa y sólo en algunos momentos aflore la novedad de ideas. Dicho eso,…
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